A mis Costaleros

Hace ya veinticinco años atrás

un joven hermano ilusionado

inexperto en la materia pero esperanzado,

su hermandad le hizo un encargo

De la noche a la mañana

me convertí en un joven capataz

estaba desbordado sin saber si era capaz

todo eran dudas, martillo, campana…

Aun recuerdo esa primera igualá

esos primeros kilos

ese primer costal

algo torpe y desigual

Fueron años duros y difíciles

los kilos eran muchos

y los costaleros eran pocos

éramos inexpertos e irascibles

Pero había una cosa que si  teníamos

ilusión, pasión y devoción

no en vano esto se lleva en el corazón

somos una piña juntos como hermanos

A la voz del capataz

comienza la sinfonía

del ritmo y la armonía

entre el aroma de azahar

Y entre el ritmo y la templanza

del equilibrio y la voz

se siente mi corazón

izquierda derecha, derecha atrás

Ordenes precisas donde las haya

todos los costaleros templan

y como un resorte preciso todos contemplan

como la cara de la virgen se alegra

Son sentimientos mezclados

con incienso, azahar y cera

como una madre que espera

a su hijo afligido por una pena

Los años me enseñaron a llevar

a mi virgen con dignidad

porque lo mejor que tenemos

es lo que no vemos

Bajo las trabajederas toda una hermandad

de fajados hermanos míos

alegres y dicharacheros

rebozan humanidad

La pena no es el dolor al gozar

de tantos momentos con mi Señora,

sudor, momentos de flaqueza que al cielo van,

y codo con codo unidos en el sacrificio,

pero lo mejor está por llegar,

cuando termine el camino

que tras esa última chicotá

yo quedare compungido

y otro hermano vendrá

a vivir lo que yo he vivido.

Dedicado a esa casta de hombres que son los costaleros, forjados por la pasión y la devoción a una imagen en este caso a NUESTRA SEÑORA LAS ANGUSTIAS.

 

Manuel Ruz Triguero, Abril de 2010